Tango y género: ¿Quién tiene el "poder"

Actualizado: 8 de jul de 2019

Tango and gender: Who has the "power"? - See translation below.

En el mundo de la milonga hay una discusión recurrente y agotadora basada en el concepto de que el tango es una danza "machista". Para defender tal argumento se suelen sostener, en principio, dos "verdades": que el hombre es el que invita a bailar a la mujer, y que el hombre es el que "dirige" la danza. Me propongo indagar en estas ideas, para buscar caminos de acercamiento e igualdad entre pares, hombres y mujeres. 1) EL HOMBRE ES EL QUE INVITA A BAILAR A primera vista, esto es correcto, es el hombre el que suele accionar para que se concrete un encuentro en la pista. Pero miremos un poco el desarrollo histórico de esta costumbre y tal vez nos sorprendamos. En los tiempos en los que las chicas iban a bailar con sus hermanas mayores, madres o tías, eran los muchachos los que iniciaban la invitación. Pero solo serían aceptados si las chaperonas los aprobaban. De modo que el éxito del hombre dependía del criterio de una mujer. Sin duda, este no era el escenario más favorable para el ejercicio de la libertad de las bailarinas, pero ser sujeto de un exhaustivo escrutinio de la mujer adulta responsable lejos queda de una demostración de poder masculino. Más adelante, cuando las chaperonas pasaron de moda, la tradición continuó y el hombre siguió siendo quien invitaba a bailar. Pero gracias al código del "cabeceo" las mujeres hemos sido siempre quienes aceptamos o declinamos dicha invitación simplemente sosteniendo o evitando el contacto visual. Nuevamente, la decisión final queda en nuestro terreno. En tiempos más recientes el privilegio viró aun más hacia nuestro territorio: en el contexto de las llamadas milongas "tradicionales", las mujeres comenzamos a pre-seleccionar a nuestros compañeros, siendo las que dirigimos la mirada hacia ellos en primer lugar. Actualmente es bastante improbable que un hombre invite a bailar a una mujer si esta no disparó antes una mirada asertiva en su dirección. Es más, se escuchan a menudo en el "sector de las mujeres" conversaciones del tipo "¡Uy! ¡Esto es Láurenz! Voy a bailar con Mr. X." Y finalmente, bien entrado el siglo XXI, podemos alegrarnos ante el hecho de que cada vez es más común asistir a milongas donde hombres y mujeres se invitan a bailar verbalmente, sin prejuicios ni formalismos.

Ahora bien, en muchos casos ocurre que las mujeres no estamos preparadas para aceptar un "no" como respuesta. De modo que si al mirar no nos miran, o si recibimos una negativa ante una invitación verbal, lo tomamos como una ofensa, un rechazo. Cuando esto sucede, entonces rápidamente nos instalamos en el lugar de la "víctima" de una sociedad machista en la que -supuestamente- los hombres poseen un poder sobre nuestro destino. Claro que esto es mucho más sencillo que dedicar unos minutos a contemplar (y aceptar) las innumerables razones por las que podríamos haber sido "rechazadas". Exploremos algunos ejemplos:


- El varón está cansado.

- No le gusta esa música.

- Prefiere otra orquesta para bailar con vos porque siente que se conectan mejor con otra energía musical.

- Tiene un mal día, o un mal momento, y no tiene deseos de bailar.

- Nunca bailaron juntos y no se siente con deseos de arriesgar una tanda con alguien cuyo baile desconoce.

- Bailó con vos más temprano, ayer o la semana pasada y hoy tiene ganas de probarse con otras bailarinas.

- Cree que tu baile es superior al de él y no tiene mucho para ofrecerte (¿Descreés de esta posibilidad? Te sorprendería escuchar algunas conversaciones del "sector de los hombres", pasa con más frecuencia de lo que imaginás.) - No sabe que querés bailar con él, o peor, cree que no querés bailar con él.

- Y la más dolorosa, pero igual de posible y válida: no le gusta bailar con vos. Ante esta opción hay dos caminos posibles: aceptarlo y dedicar tu energía a bailar con aquellos hombres que si te disfrutan en la pista o emprender el largo pero satisfactorio camino de la superación, formándote para mejorar tu calidad de baile y ampliando así la cantidad de varones que desearán bailar con vos, incluido el sujeto en cuestión. Todos los anteriores son también ejemplos de por qué, desde que el baile existe, las mujeres hemos rechazado invitaciones a bailar. Si lo que buscamos es igualdad de oportunidades, entonces debemos abrazar lo bueno de obtenerlas y aprender a convivir con aquello que no es tan divertido y fácil de aceptar. La igualdad existe solo si el intercambio se da entre pares. Pretender "imponer" nuestros deseos por sobre los del varón no sería más que intentar "conquistar" un espacio quitándoselo al prójimo. No hay justicia en ese escenario.


2) EL HOMBRE ES EL QUE LLEVA EN EL BAILE (ES EL QUE TOMA LAS DECISIONES)

También es cierto. ¿Y entonces? En toda danza de pareja (repitamos: en TODA danza de pareja) hay un miembro que adopta el rol de "conductor" y otro el de "conducido". Históricamente el primero siempre ha sido asignado al hombre. Tal vez esto ocurra porque anatómicamente el hombre tiene mayores condiciones para constituirse en el sostén del equilibrio de la pareja; tiene más fuerza y estatura como para ser la fuerza motriz que inicia el movimiento y carga con el peso de ambos cuerpos. O tal vez podamos asumir que hay una tendencia instintiva natural de adoptar un rol -APARENTEMENTE- más "sumiso" en el vínculo (¡NO DISPAREN! que aquí estamos hablando de naturaleza física, no de capacidades intelectuales, ni de evolución cultural y mucho menos de derecho de ejercer "poder" y, por si fuera poco, enfatizo el APARENTEMENTE.) En cualquier caso, esta realidad no es exclusiva del Tango, sino de las danzas en general. Si el tango es machista, todas las danzas de pareja lo son. ¿O acaso vemos muy seguido mujeres conduciendo a hombres en el mundo de la salsa, el ballroom o en sofisticadas coreografías de ballet?


No obstante, luego de tantos años de admirar parejas de baile en las que la bailarina encarnó la belleza, el corazón y el alma del binomio (recordemos, por ejemplo, a la gran María Nieves, a Guillermina Quiroga, Marcela Durán, Geraldine Rojas, o Alejandra Mantiñán, por solo citar algunos casos icónicos) ya debiéramos poder despojarnos del complejo auto impuesto de "pasividad" en el rol femenino. Acompañar al "leader" con presencia, actitud, abrazo comprometido, agilidad, ritmo y creatividad en el uso de los adornos no tiene absolutamente nada de "pasivo". Desde el momento mismo en que salimos a la pista en nuestro rol de "seguidoras" el cuerpo entra en un estado de consciencia plena similar al que se desarrolla con la práctica del mindfulness, es decir, hay una presencia absoluta en el aquí y ahora que constituye el más alto estado de actividad. De otra manera, sería completamente imposible reaccionar a la "marca" a la velocidad de la luz, sin siquiera ser capaces de comprender como ocurre tal alquimia. Solamente un cerebro altamente activo puede responder, decorar, transmitir emoción, expresar la música, pisar a tiempo y -a veces- hasta cantar en simultáneo. Y dicho sea de paso: ¿somos conscientes de que las mujeres tenemos una agudeza auditiva naturalmente superior a la de los hombres? Pues sí, las mujeres escuchamos mejor, de modo tal que en muchas ocasiones depende de nosotras que la pareja baile "con la música". Pero hay un tercer aspecto, más complejo por cierto, por el cual se suele afirmar que el tango es "machista". Se escucha a menudo que -dada la proximidad física del abrazo- las mujeres en la milonga somos sumamente vulnerables ante posibles situaciones de abuso por parte de los varones. También aquí podemos afirmar que esto no es del todo cierto. En todo caso, no somos de ninguna manera "más" vulnerables que en cualquier otro ámbito social. En una milonga tenemos un número amplio de recursos para protegernos de tan desagradables situaciones: podemos evitar bailar con quienes nos sintamos incómodas; podemos interrumpir el baile en cualquier momento si el varón intentara propasarse; tenemos cientos de personas alrededor que reaccionarían en nuestra defensa si se diera alguna situación de violencia explícita; tenemos la ropa puesta y podemos estar absolutamente tranquilas, no quedaremos embarazadas durante una tanda, ¡es imposible! (Nuevamente ¡no disparen! permitámonos la humorada.) Y más importante aun: estamos rodeadas de otras mujeres que muy probablemente compartan sus propias experiencias bailando con tal o cual caballero y nos avisen si hay alguien de conocida reputación violenta o abusiva, o simplemente alguien que nos pueda incomodar aunque solo fuere porque huele mal.


En una próxima entrada a este blog hablaré sobre lo que entiendo debiera ser la "sororidad" en el tango, pero como punto de partida, me gusta pensar que se trata de una generosa hermandad entre mujeres que se ayudan mutuamente para disfrutar al máximo del baile con los hombres, y no como una excusa para transformarnos en odiadoras seriales que reaccionamos ante las conductas masculinas condenándolas por -supuestamente- denotar el "poder" sobre nuestro disfrute. Porque ¿saben qué? NO LO TIENEN, y no lo tendrán en tanto las mujeres maduremos y abracemos el poder que nos viene dado naturalmente. El poder de elegir es nuestro, es divertido, es hermoso y nadie nos lo puede quitar.

Tango and gender: Who has the “power”?

Is Tango a “macho” dance?


In the world of tango dance there has been an ongoing discussion based on the principle that ours is a “macho” dance. Primarily, this concept could be based on the following myths:


1) THAT MEN INVITE WOMEN TO DANCE AND NOT THE OTHER WAY AROUND.

At first sight, this is true, but if we take a closer look at the evolution of this subject through history we might be surprised. Let's see:

Back in the days in which the young ladies went dancing with their mothers or older sisters the men would initiate the invitation, but they would only be accepted if the chaperons approved of them so, in the end, the success of men’s invitation was in the hands of another woman. Not what we might consider a perfect scenario for exercising women's freedom. But the men being subjected to a chaperon’s exhaustive screening is certainly not proof of masculine power over the female.

Later on, when chaperons were no longer the fashion, the tradition of men initiating the invitation survived, but thanks to the “cabeceo” women were able to accept or decline an invitation by simply maintaining or withdrawing the eye contact. So the ultimate decision has been in our hands ever since.

In more recent times it turned even more to our favor, since in the context of the so-called “traditional” milongas, we started pre-selecting our dancers by looking at them first. These days it is possible a man might not risk a “cabeceo” to a lady that wasn’t looking at him first. In Buenos Aires, when the tanda begins, we look at our favorite dancers first to try to get their attention, while saying out loud to our lady friend next to: “Oh, it is Pugliese! I am going to dance with Mr X or Y”. And finally, well into the 21st century we can happily agree with the fact that it is more and more common to go dancing in places where men and women simply approach each other and verbally ask for a dance.

Now, truth is that quite often we, the women, are not used to taking “no” as an answer. We tend to take offense and think that if men don’t look back at us or decline an invitation they are rejecting us or they are being “rude”.

And when this happens we put ourselves in the position of “victims” of a society where men –supposedly- have more power than women. Sure enough that is way easier than contemplating and accepting the countless reasons why that man didn't want to dance with us. Let’s explore some examples:

- He’s tired. - He doesn’t like that music. - He’d rather dance some other orchestra with you, because he feels you two connect better with a different energy. - He is having a bad day, or a bad moment and doesn’t feel like dancing much. - You’ve never danced together and he’s not in the mood for risking a dance with you at that moment with that music. - He danced with you earlier that evening, or yesterday, or last week, and today he wants to try his skills with someone new. - He believes you might out dance him and he can't offer you a pleasant experience. (You don’t believe this? Oh! You’d be surprised if you could hear some leaders’ private conversations). - He doesn’t know you want to dance with him, or worse, he thinks you don’t want to. - And the painful one: he doesn’t like dancing with you. Yes, this one hurts, but it is as possible as it is valid. If this is the case you have two options: either you accept it and focus on dancing with the leaders who actually enjoy you in the dance floor or start the long and rewarding journey of improvement so your dance becomes attractive for a larger number of leaders, including that particular one.

All the above are examples of why women have also declined invitations since the dance exists. If we seek gender equality then we must embrace all that’s good about it, and accept and learn how to deal with what’s not so much fun. We need to understand equality is about a fair exchange among pairs. Imposing our “rights” above those of the men is nothing but “conquering” (as in “stealing”) the use of the cabeceo.

2) THE MAN IS THE ONE WHO LEADS THE DANCE (HE MAKES THE DECISIONS)

Also a reality, AND SO WHAT?

In every single couple’s dance (EVERY SINGLE ONE OF THEM) there has always been a leader and a follower, one who sets the intention and another one who agrees to go with it.

Historically, the leader’s role has been assigned to the men. Why? Well, maybe because leading implies being the “pillar” of the couple’s balance, and men are physically more capable of holding it, stronger to carry with the weight of two bodies, taller, which means they see more in the line of dance.

Or perhaps we need to face the fact that there’s an instinct in human nature of women –apparently- willingly embodying (and embracing) a “submissive” energy (don’t shoot! We’re talking nature and physicality here, not culture, not intellectual skills, no “power” anything! And we’re emphasizing “willingly embracing a more feminine!").

In any case, this reality is not exclusive to Tango. If we assume that because the men leads and the lady follows Tango is a “macho” dance, then every couple’s dance is. Right? Or how often do we see a lady leading a man in a ballroom competition or in a salsa festival, or even in a ballet choreography?

However, after so many years of worshipping some phenomenal couples in the tango dance were the female has been the heart, the soul and the beauty of the picture (just to mention a few: who would dare denying the importance of the great María Nieves, Guillermina Quiroga, Marcela Durán, Geraldine Rojas or Alejandra Mantiñán in the famous partnerships they shared?) we should try to let go of that self-imposed hang up about “passiveness” in the following role.

Accompanying a leader with presence, poise, a committed embrace, agility, rhythm, creativity and expressiveness in the choices of our decorations has nothing, absolutely nothing to do with being passive.

From the minute we embody the follower’s side of the dance our body enters a state of mindfulness (being completely present in the here and now) that is the ultimate way of being “active”. Otherwise it would be impossible to react to the lead at the speed of light, without even being able to comprehend how the “alchemy” happens. Only through a tremendously high level of activity can we respond to the lead, decorate, commit, express, dance to the beat and sometimes even SING all at once. Who cares about making decisions when we're already making a thousand per second as a follower?

Oh! By the way… did we ever notice that women are naturally more likely to listen to the music and stay on the rhythm than men? Yes… we hear better, so many times it is us who actually keep them dancing on the beat!


But there is also a more problematic third aspect to consider when we talk about the tango being a “macho” expression.

Often we hear at milongas, women are more vulnerable because they are exposed to potentially abusive or inappropriate behavior of men, in the closeness of the embrace. Well... once again, that is also not totally true. For sure, we’re not any more vulnerable in tango than in any other social environment.

At a milonga, (a public space typically in known community) women have multiple resources to defend themselves from any bad behavior: we can avoid dancing with whomever makes us feel uncomfortable; we can interrupt a dance at any moment if a leader is getting creepy or sexually inappropriate; we’re protected by all the others in the room, (specially the other men) who would immediately stand up for us if anyone acts with violence or inappropriate touching; we have our clothes on, and we certainly won’t get pregnant during the tanda. (OK, again just indulge me a little humor!)

And even more important: we are surrounded by our fellow female dancers who would most likely share their experiences and warn us if there is a known-to-be predator in the house, or simply someone who smells bad or is going to hurt us with his poor technique.

In a future entry to this blog I am going to talk about sorority in the tango world, but just to touch on the matter: I’d rather think of it as a generous fraternity between women who would help each other enjoy the most of dancing with the leaders and not as an excuse to become men bashers that react to their presence and choices by condemning them over the false idea of them having more “power” than us, because you know what?: They actually don’t if we embrace our own natural feminine power. Because we do have it, and it's fun, it is beautiful, and it is ours for the taking and ours to share as we see fit.

María Olivera June 2019

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